El estudio titulado «El futuro de los deportes de verano europeos al aire libre a través de la lente de 50 años del Tour de Francia», liderado por investigadores como Ivana Cvijanovic y colaboradores de diversas instituciones europeas, analiza medio siglo de datos meteorológicos para evaluar la seguridad de los atletas frente al calentamiento global. Publicada recientemente como un preprint en la plataforma Research Square, esta investigación utiliza la mayor carrera ciclista del mundo como indicador del riesgo que enfrentan todos los deportes de resistencia en Europa debido al cambio climático.
¿Qué ha descubierto la investigación?
El análisis muestra que, aunque el estrés térmico en julio ha aumentado en toda Francia durante las últimas cinco décadas, las fechas de la carrera han tenido la fortuna de evitar los días más calurosos hasta ahora. Por ejemplo, en París, el umbral de «alto riesgo» se ha cruzado cinco veces en los últimos 50 años (cuatro de ellas desde 2014), pero nunca ha coincidido con el día en que la etapa final pasaba por la capital. Los autores advierten que esta «suerte» no durará siempre ante la frecuencia récord de las olas de calor.
¿Cuáles son las zonas más peligrosas?
Históricamente, los episodios de calor peligroso se han concentrado en el suroeste francés —Toulouse, Pau y Burdeos— y en el sureste —Nimes y Perpiñán—. No obstante, el estudio identifica nuevos puntos críticos emergentes: lugares como París, Lyon y el centro de Francia están superando los límites de seguridad térmica con una frecuencia cada vez mayor. Por el contrario, las ubicaciones de montaña siguen siendo, por ahora, las más seguras para competir.
¿Cómo se mide el riesgo para los ciclistas?
Los científicos utilizan el índice WBGT (Wet Bulb Globe Temperature), un estándar internacional que no solo mide la temperatura del aire, sino que también tiene en cuenta la humedad, la radiación solar y la velocidad del viento. La Unión Ciclista Internacional (UCI) clasifica un valor WBGT superior a 28°C como «alto riesgo». Superar estos niveles puede provocar agotamiento por calor, golpes de calor por esfuerzo e incluso la muerte, incluso en atletas jóvenes y sanos.
¿Qué medidas proponen para protegerlos?
La recomendación principal es planificar las carreras en las horas de la mañana, que son climatológicamente mucho más seguras, evitando las tardes, cuando el estrés térmico alcanza su pico y puede persistir hasta las 18:00 horas.
Además, los investigadores instan a los organizadores y equipos profesionales a compartir datos fisiológicos y meteorológicos para desarrollar indicadores de calor específicos para el ciclismo que consideren factores como el «viento aparente» generado por la velocidad de la bicicleta.
¿Qué sucede con los JJ.OO. y los Mundiales de fútbol?
Aunque en este estudio se han centrado en la ronda gala, las conclusiones sirven para cualquier otro evento deportivo que se celebre en verano en Europa o en cualquier otra región donde exista un riesgo de estrés térmico elevado.
Numerosas federaciones deportivas ya cuentan con sus propios protocolos, como es el caso de la FIFA, que introdujo las pausas de hidratación en el fútbol. La cuestión es que las temperaturas no han tocado techo y no solo amenazan el Tour, sino también los Juegos Olímpicos o los Mundiales. Investigadores y ejecutivos tendrán que sentarse a trabajar, hacer investigación específica para cada modalidad deportiva y tomar decisiones valientes.
Entre la épica deportiva y la imprudencia sanitaria
El estudio de Ivana Cvijanovic y su equipo lanza una advertencia que trasciende las carreteras del Tour de Francia: la «suerte» climática de las últimas cinco décadas tiene fecha de caducidad. Ante un escenario donde los picos de estrés térmico son ya una realidad recurrente en puntos críticos como Lyon o París, la supervivencia del ciclismo de élite tal y como lo conocemos dependerá de su capacidad de adaptación.
La implementación de horarios matutinos y el uso de indicadores de riesgo más precisos se perfilan ya no como recomendaciones, sino como medidas de urgencia para garantizar que la épica deportiva no se convierta en una imprudencia sanitaria bajo el nuevo paradigma del calentamiento global.





