Alrededor de 265,000 ciudadanos con derecho a voto acuden hoy a las urnas en Islandia en lo que se ha calificado como un referéndum a cara o cruz. La consulta popular definirá si el país retoma las negociaciones formales para unirse a la Unión Europea, trece años después de que el proceso quedara congelado. La jornada transcurre en medio de un intenso debate nacional cruzado por la polarización, donde se contraponen la estabilidad económica frente a la defensa de la soberanía nacional y marítima.
Aunque las urnas cerrarán a las 22:00 (hora local), los sondeos de última hora reflejan un empate técnico. Las encuestas más recientes arrojan un estrecho margen a favor del rechazo (51.6%), reflejando una volatilidad total frente a mediciones previas que daban el triunfo al «sí».
Antecedentes y el cambio de rumbo político
El idilio de Islandia con el bloque comunitario comenzó en 2009, cuando un gobierno de centro-izquierda solicitó formalmente el ingreso tras el colapso sistémico de su sector bancario durante la crisis financiera de 2008. No obstante, con la llegada al poder de una coalición euroescéptica y la recuperación de la divisa local, las conversaciones se congelaron en 2013 y se dieron por cerradas en 2015.
La reactivación exprés de la consulta responde a la agenda de la primera ministra de centro-izquierda, Kristrún Frostadóttir, elegida a finales de 2024 prometiendo un plebiscito antes de 2027. El clima de inestabilidad internacional aceleró los plazos. La mandataria argumentó tras emitir su voto en la capital que la ciudadanía merece opinar libremente y que su gabinete continuará trabajando con normalidad independientemente del resultado.
Ejes de discusión: Economía, Pesca y el «Factor Trump»
A diferencia de otros procesos de integración, el debate en Islandia ha estado marcado por la profunda interconexión que ya mantiene con el bloque; el país ya forma parte del Espacio Económico Europeo (EEE) y del espacio libre de fronteras de Schengen. Los argumentos de ambos bandos se concentran en:
- Soberanía pesquera: Es el nudo gordiano del «No». Los detractors, encabezados por los sectores rurales y el opositor Partido de la Independencia, sostienen que someterse a la Política Pesquera Común de la UE significaría entregar el control de sus aguas territoriales a Bruselas. Los partidarios del ingreso afirman que la diplomacia local buscará cláusulas de exclusión total para blindar la industria marina.
- Estabilidad del Euro: Los defensores del «Sí» argumentan que abandonar la corona islandesa y adoptar la moneda comunitaria ofrecerá un escudo contra la alta inflación y las elevadas tasas de interés actuales.
- Incertidumbre geopolítica: Islandia carece de fuerzas armadas propias y confía su defensa a la OTAN y a un pacto bilateral con EE. UU. firmado en 1951. La imprevisibilidad del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus comentarios del pasado sobre anexionar o controlar la vecina Groenlandia, han sembrado el nerviosismo en Reikiavik, haciendo que sectores de la opinión pública miren a la UE como un socio de seguridad necesario.
Un proceso largo y bajo la mirada de Bruselas
Desde la Comisión Europea se sigue el escrutinio con suma atención. De los 35 capítulos del proceso de adhesión antes del parón de 2013, 27 ya estaban abiertos y 11 cerrados provisionalmente, por lo que funcionarios europeos estiman que un tratado definitivo podría sellarse en un plazo de apenas 18 a 24 meses. La comisaria de Ampliación de la UE, Marta Kos, enfatizó que una decisión afirmativa islandesa «fortalecería los argumentos de la UE para dar la bienvenida a nuevos miembros», sirviendo de aliciente político frente a otros candidatos con economías menos robustas.
De ganar el «Sí», no significará la entrada automática de Islandia. El resultado de hoy solo faculta al Gobierno a redactar el borrador del acuerdo con Bruselas. Dicho texto final deberá someterse obligatoriamente a un segundo referéndum vinculante, ser aprobado por el Parlamento islandés (Alþingi) y ratificado por los 27 Estados miembros de la UE.





