La reciente arremetida de Donald Trump contra la Corte Suprema —tras el fallo de 7-2 que sepultó su intento de restringir el voto por correo— marca un punto de inflexión en la campaña electoral. Al calificar la decisión de «horrible» y «cobarde», el expresidente no solo ataca una regla electoral clave, sino que abre una grieta pública con los mismos magistrados que él llevó al poder.
El muro legal de los propios nominados
Lo que hace políticamente relevante a esta resolución no es solo el fondo —mantener las reglas del sufragio postal intactas para las elecciones legislativas— sino quiénes firmaron la decisión. Los jueces Brett Kavanaugh, Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett, nominados por Trump durante su presidencia para asegurar un legado conservador en el país, votaron en su contra.
El argumento técnico expuesto por el magistrado Kavanaugh fue pragmático: no hay tiempo técnico para alterar las reglas de votación a pocas semanas de los comicios. Sin embargo, para la narrativa de Trump, este pragmatismo fue interpretado como una traición institucional motivada por el «temor a los demócratas», según afirmó en su plataforma Truth Social.
Impacto en la estrategia de campaña
Analistas políticos coinciden en que este revés judicial obliga a la campaña republicana a recalibrar su estrategia en dos frentes:
- Discurso del fraude: El fallo debilita la base legal de los reclamos republicanos sobre la vulnerabilidad del voto por correo, una de las banderas principales del movimiento de Trump.
- Ataque al sistema: Al cuestionar la valentía de una Corte Suprema de mayoría conservadora (6-3), Trump refuerza ante su base electoral el mensaje de que el sistema entero, incluidas las instituciones que él ayudó a moldear, opera en su contra.
Mientras los demócratas celebran la resolución como una victoria para la estabilidad democrática, el aparato legal republicano se queda sin margen de maniobra en los tribunales federales, obligando a sus militantes a movilizar el voto bajo las reglas vigentes.





