Trump promete automóviles más baratos, pero los conductores podrían pagar más

Como parte de su iniciativa «Freedom Means More Affordable Cars» («Libertad significa vehículos más asequibles”), el Departamento de Transporte de Estados Unidos ha flexibilizado los estándares federales de eficiencia de combustible con el argumento de reducir los precios de los vehículos.

La agencia de transporte de la administración Trump afirma que los contribuyentes estadounidenses ahorrarán 138.000 millones de dólares (122.000 millones de euros) durante los próximos cinco años y que los vehículos nuevos serán, en promedio, 1.300 dólares más baratos, ya que los fabricantes de automóviles ya no tendrán que invertir en flotas más eficientes en el consumo de combustible.

Pero esto no tiene en cuenta el aumento de los precios de la gasolina debido a los conflictos en Medio Oriente, que están afectando el suministro mundial.

El ahorro inicial se diluye por el costo del combustible

«Cualquier ahorro inicial termina siendo absorbido y se pierde por los costos adicionales del combustible… Las normas de eficiencia de combustible han ahorrado a los conductores cientos de miles de millones de dólares», afirmó en una publicación en redes sociales el senador demócrata Sheldon Whitehouse, de Rhode Island.

Según las normas de Consumo Medio de Combustible Corporativo (CAFE, por sus siglas en inglés), las flotas de vehículos solo deberán alcanzar una eficiencia media de unos 35 millas por galón (14,7 kilómetros por litro) para 2031, aproximadamente un tercio menos que las 50 millas por galón anteriores.

Implementadas en 2024 por el entonces presidente Joe Biden, las normas actualizadas de eficiencia buscaban incentivar la producción de vehículos eléctricos y vehículos híbridos de bajas emisiones. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de Estados Unidos (NHTSA) estima que las normas habrían permitido ahorrar 70.000 millones de galones (265.000 millones de litros) de combustible durante 25 años.

Por su parte, la organización de defensa sin fines de lucro Unión de Científicos Preocupados (UCS) afirma que una versión anterior de las normas CAFE ha permitido a los consumidores estadounidenses ahorrar unos 321.000 millones de dólares en las gasolineras desde 2010.

La flexibilización aumentará las emisiones que calientan el planeta

Como el mayor consumidor mundial de gasolina, Estados Unidos consume 20 millones de barriles de petróleo al día, lo que representa el 20 por ciento del consumo mundial, señala Dan Becker, director de la campaña Safe Climate Transport del Center for Biological Diversity, una organización ambientalista estadounidense.

«El transporte es el mayor consumidor de ese petróleo, por lo que unas normas estrictas para los automóviles son la forma más eficaz de reducir la contaminación y el uso de petróleo», afirmó Becker en un comunicado.

Las normas suavizadas la semana pasada habrían evitado más de 710 millones de toneladas métricas de emisiones de dióxido de carbono para 2050, el equivalente a las emisiones generadas por 165 millones de vehículos de pasajeros a gasolina durante un año.

«Dado que el transporte representa casi el 28 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos, flexibilizar las normas de eficiencia de combustible supone un peligroso retroceso para los objetivos climáticos a corto plazo», advierte a DW Ben Scott, responsable de demanda energética del centro de estudios sobre cambio climático Carbon Tracker, con sede en Reino Unido.

«Corre el riesgo de mantener los motores de combustión ineficientes en las carreteras durante mucho más tiempo del que exige la ciencia climática», agrega.

Pero después de que el presidente Donald Trump eliminara el año pasado las normas sobre emisiones de gases de efecto invernadero para vehículos ligeros y pesados, Dave Cooke, analista sénior de vehículos del programa de Transporte Limpio de la UCS, afirma que la flexibilización de estas normas no hace más que agravar «un retroceso mucho más significativo».

Según Cooke, esta tendencia envía «una señal específica a los fabricantes de automóviles», y agrega que «Estados Unidos busca maximizar el uso de petróleo para aumentar las ganancias de las compañías petroleras».

Esto irá en perjuicio de los objetivos climáticos, ya que el petróleo altamente contaminante contribuye a un tercio de las emisiones mundiales de combustibles fósiles, que continúan aumentando, al igual que las temperaturas.

¿Puede el transporte estadounidense seguir avanzando hacia las energías limpias?

«Es muy poco probable que Estados Unidos se llene de repente de opciones eléctricas, cuando ni la industria automotriz ni los reguladores parecen interesados en ofrecer esas alternativas a los consumidores», sostiene Cooke.

Pero Scott considera que, aunque flexibilizar las normas estadounidenses de eficiencia de combustible «creará obstáculos temporales», no frenará una transición inevitable hacia los vehículos eléctricos.

«Dado que los vehículos eléctricos ofrecen costos de uso mucho más bajos, la electrificación se convierte en una opción económica evidente», dice sobre los vehículos que funcionan con «energía más barata y segura a nivel nacional, que impulsará la transición independientemente de la política a corto plazo».

A medida que los automóviles y camiones menos eficientes consuman más petróleo, que es más caro y escaso, «la fragilidad del transporte dependiente del petróleo» quedará expuesta, concluye.

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