Una masiva ola de indignación estudiantil ha paralizado gran parte del sistema educativo de Francia en lo que ya se considera la mayor movilización juvenil en las últimas décadas. Lo que comenzó a mediados de septiembre como una protesta localizada en el instituto Saint-Exupéry de Créteil (periferia de París) por la falta de personal, se ha transformado este 6 de octubre de 2026 en un estallido social de alcance nacional respaldado por sindicatos, universitarios y asociaciones de padres de familia.
La tercera jornada de huelga general («Acte III») ha congregado a entre 256,000 personas (según el Ministerio del Interior) y 450,000 manifestantes (según las organizaciones estudiantiles y la Confederación General del Trabajo, CGT) en las principales plazas de París, Lyon, Rennes, Nantes y Toulouse. La magnitud de la crisis ha obligado a la suspensión de clases totales o parciales en 891 liceos de todo el país y, desde la extensión del conflicto a finales de septiembre, las autoridades acumulan 6,547 detenciones.
Las demandas: el rescate de la educación pública
A diferencia de los movimientos estudiantiles históricos en Francia, orientados a la derogación de reformas laborales o de pensiones específicas, la denominada «cólera de otoño» denuncia un colapso y abandono estructural de las instituciones públicas. El alumnado exige de manera inmediata:
- Saturación y falta de personal: Exigen un plan masivo de contratación para cubrir el 10% de horas lectivas que se quedan sin profesor sustituto y mitigar las aulas masificadas. En el sector público, el 70% de las clases superan los 30 alumnos.
- Insalubridad en la infraestructura: Demandan un plan de urgencia para la renovación de los edificios de secundaria, denunciando condiciones indignas de estudio, problemas térmicos por el cambio climático y el mal estado de las residencias.
- Derogación de Parcoursup: Los sindicatos exigen eliminar esta plataforma de acceso a la universidad, a la que califican de opaca, segregadora y promotora de la desigualdad social.
Crisis presupuestaria y acusaciones de represión
Las marchas de este martes transcurrieron bajo un fuerte despliegue policial y terminaron registrando altercados aislados con el lanzamiento de proyectiles y gases lacrimógenos en ciudades como París y Lyon. El ambiente se encuentra especialmente crispado tras las denuncias de organizaciones civiles y estudiantiles sobre el uso excesivo de la fuerza de seguridad, citando casos graves ocurridos en los últimos días: un menor de 15 años que sufrió la amputación de una mano por una granada en Lens y un estudiante de 16 años que perdió un ojo en Tours.
El primer ministro, Sébastien Lecornu, rechazó ante la Asamblea Nacional las acusaciones de «instrucciones políticas de represión policial» y recordó que más de 715 agentes han resultado heridos en disturbios. Como medida de contención, Lecornu invitó a los estudiantes a levantar los bloqueos a partir de este miércoles y anunció una suspensión de clases parcial para abrir un «tiempo de democracia interna» en los liceos, mediante la habilitación de la plataforma digital Agora para recoger sus dolencias.
El conflicto estalla en un momento crítico para el Ejecutivo del presidente Emmanuel Macron. El Parlamento se prepara para debatir a partir del 12 de octubre el presupuesto federal para 2027, que prevé recortes severos y medidas de ajuste de cerca de 50,000 millones de euros para frenar el histórico déficit público del país, lo que amenaza con avivar el descontento de otros sectores sociales.





